viernes, 9 de mayo de 2008

Por los aires


Martín siempre fue un nene bastante inquieto, la falta de espacio dentro del departamento de dos ambientes donde vivía, generaba en él algo similar al cautiverio. Cuando salía al espacio exterior todo era grande, gigante y él muy torpe.
Desde el primer día que se subió a la hamaca amarilla de la Plaza Irlanda sintió la extraña sensación de despegar los pies del suelo. El viento que enmarañaba su corte taza, las piernitas le colgaban, se sumergía en el aire desde otra perspectiva.
Cada vez más alto, cada vez más rápido, cuando quiso bajar no era el mismo, ahora estaba tirado en el arenero con un raspón importante sobre la rodilla izquierda.


Tiempo después Martín ya había aprendido que llegar bien arriba tiene sus costos.

1 comentario:

María Josefina_Reina Siete_Foronda dijo...

"Llegar tan arriba, tiene su precio."

Excelente blog, Flor. Las cicatrices son como las medallas de los soldados. No todas son externas, algunas internas. Y son las más importantes. Las más difil de cerrar. Las más dolorosas.

La edad no te da esas cicatrices. La experiencia, la vida vivida, la acción y no la pasión.

"Si tenés la libertad de participar o mirar y elegís mirar. ¿Libre para qué?" (Chala Rasta)

La vida nos enseña, nos enseñamos a nosotros mismos, a los otros, de parte de otros.

La mejor forma de cicatrizar, es seguir andando.

Paz
Te kiero